Unos jovenes sin futuro

Los jóvenes con mayor formación académica de la historia de España han visto caer sobre su presente y su futuro la losa de la falta de oportunidades y de la desesperación. Estas generaciones, nacidas ya con la democracia bien consolidada están padeciendo los estragos de una crisis que, sin embargo, ha aumentado considerablemente el número de ricos en nuestro país.

Muchos jóvenes españoles viven en la pobreza. No sólo los más preparados han padecido la saña de estos tiempos. No sólo los licenciados, diplomados, graduados y demás estudiantes Unos jovenes sin futurocon formación a sus espaldas han visto cómo se cerraban las puertas del porvenir; también muchos jóvenes que se decantaron por abandonar los centros de estudios para poder incorporarse al mercado de trabajo ven ahora cómo el poder ganar de dinero no era un cuento de hadas.

La burbuja inmobiliaria, por ejemplo, empujó a miles de jóvenes que vivían de la construcción a la más absoluta falta de perspectivas; ahora se ven sin empleo, sin estudios y sin ningún tipo de esperanzas de volver a insertarse en el mercado de laboral. Son, en muchos casos, jóvenes que empezaron a llevar dinero a casa rápido, en una edad incluso lindando con la mayoría de edad; esto les permitió lanzarse a formar una familia, a tener hijos, con la garantía de poder pagar todas las necesidades que tuvieran. Pero la realidad hoy es bien cruda; la falta de trabajo de los jóvenes tiene efectos colaterales.

Esta generación perdida carece además de cursos y estudios que les garanticen poder volver a trabajar pronto. En los barrios obreros, con los recortes económicos que tuvieron a la crisis como excusa, han desaparecido incluso las ayudas para los talleres en los que los más jóvenes aprendían una profesión. Se trata de una dinámica peligrosa, de un círculo vicioso del que cada vez es más difícil salir.