La necesidad de reinventarse

No es fácil, pero las circunstancias obligan a ello. Hay que reinventarse, buscar un futuro, olvidarse de lo que fue y de lo que pudo haber sido y centrarse en lo que será, dando carpetazo a unos años que merecen el olvido.

Y merecen el olvido, sobre todo para muchos jóvenes que han visto truncadas todas sus expectativas mientras esperaban un cambio a mejor. Tuvieron la mala suerte de nacer en mal momento, justo para sufrir de lleno un periodo de crisis profunda en esa fase vital en la que hay que echar a volar, en la que hay que iniciarse en el mundo laboral

Son jóvenes que en buena parte han dedicado años y años a formarse, pero a los que nadie ha dado una oportunidad. Sin futuro en España, muchos han buscado esa oportunidad fuera. Los más afortunados han encontrado trabajos más o menos decentes en países europeos, a otros no les ha quedado más remedido que poner miles de kilómetros de distancia y marcharse a Dubai, Australia o Singapur. Países en los que paradójicamente, nuestros jóvenes no solo están bien vistos, sino magníficamente valorados. ¿Qué significa esto? Que ellos ha encontrado su futuro, pero que España ha perdido todo un potencial humano, una inversión a la que o se ha sabido sacar partido.

¿Y los que se han quedado? ¿Los que tampoco han encontrado su oportunidad más allá de nuestras fronteras o no han querido marcharse? Los menos ambiciosos han aceptado cualquier trabajo o se han resignado a no independizarse nunca. Otros han decidido dar un giro de 180 grados y reinventarse.

Si no encuentro trabajo como ingeniero ¿Por qué no montar una empresa de turismo rural o incluso marchar a un pueblo y vivir de apicultor? Si como periodista no tengo futuro ¿No es posible intentar vivir de trabajos a través de internet, de probar suerte poniendo en marcha algún tipo de blog? Muchos jóvenes han visto en la reinvención, o el emprendimiento como prefieren algunos llamarlo, la única oportunidad de conseguir salir adelante por sus propios medios.

¿Imposible? A todas luces no, hay ejemplos de ello. Pero hay que ser imaginativo, hay que tener muy claro que seguramente se caerá en más de una ocasión y habrá que saber levantarse, que se necesitarán muchos más esfuerzos de los imaginables, que habrá que aprender de los errores y, sobre todo, arriesgarse. Cunando no se tiene esperanza es obligatorio perder el miedo.