La historia se repite

A veces no hay que mirar muy lejos para contemplar cómo la historia se repite y se repite en episodios oscuros o poco alentadores. Lo que ahora está viviendo la denominada “generación perdida” es algo que ya se vivió en España unas décadas antes, en la España de los 60. Con diferencias, eso es cierto, pero con el mismo trasfondo. Hoy son muchos los jóvenes que se ven obligados a repetir la historia que vivieron sus abuelos: la emigración.

Hace décadas fueron miles los jóvenes que se vieron obligados a buscarse el sustento a miles de kilómetros de sus hogares porque dejaron de ser instaladores de Gas Madrid. Jóvenes sobre todo llegados del campo a unas ciudades en las que no encontraban oportunidades.

Se vieron así abocados a la única solución posible para salir adelante: emigrar a países como Francia y, sobre todo Alemania, o incluso a cruzar el océano para intentarlo en América Latina. Algunos hicieron fortuna, otros, simplemente, sobrevivieron en pésimas condiciones y regresaron a España en el momento en el que habían conseguido unos ahorros. Muchos jamás regresaron.

Hoy parece que la historia se repite. La falta de oportunidades está haciendo que miles de jóvenes salgan al extranjero en busca de esa oportunidad laboral que en España no encuentran. Pero hay una diferencia importante respecto a sus abuelos: la de estos jóvenes no es una mano de obra poco cualificada, al contrario. Se trata de una generación muy preparada, con estudios casi siempre de postgrado, que domina idiomas, que tiene empuje y tiene ganas.

Jóvenes muy preparados que son más apreciados fuera que dentro. Un valor que, lamentablemente se pierde en España, y tal vez para siempre, porque muchos de estos jóvenes marchan para no volver. Cierto es que no todos consiguen la oportunidad soñada en tierras extrañas, pero igual de cierto es que tampoco muestran intenciones de regresar a un país, España, en el que ni buenas ni mala, no hay salidas laborales para ellos. Lamentablemente, la historia se repite.