La generación de los cambios

Hay toda una generación a la que se ha demonizado, a la que se ha condenado de antemano sin tener en cuenta las circunstancias que la rodean y, mucho menos, darse cuenta de lo caro que va a pagar las consecuencias de las erróneas actuaciones de la generación inmediatamente anterior.

Son los ni-nis. Una denominación terriblemente injusta. Tal vez en algunos casos sea cierto y ni estudian ni trabajan, pero en la mayoría no ha sido por falta de ganas, sino de oportunidades. Unas oportunidades que se les han negado por la nefasta gestión económica y educativa de los gobernantes de turno. Un tremendo error que ya está condicionando el futuro de miles de no tan jóvenes, que han visto como han pasado de largo sin pena ni gloria un buen puñado de años en los que deberían haber dado los primeros pasos en su independencia.

¿Estudiar? Ya lo han hecho, y no en las mejores circunstancias, por cierto. Han vivido su época estudiantil en un momento de cambios educativos que parece no han llevado a ningún sitio. Y lo que es peor, los estudios han subido escandalosamente de precio y muchos se han dado de bruces con una cruda realidad: la imposibilidad de seguir estudiando porque, por ejemplo, pagar un master es casi ya cosa de millonarios.

Aun así, no les falta preparación, de hecho es la generación mejor formada del país…pero de poco les ha servido sin oportunidades laborales para poner en práctica sus conocimientos. Trabajar para ellos ha sido, y es, casi misión imposible. Muchos siguieron estudiando mientras llegaba ese ansiado trabajo. Ahora, rozando la treintena, la mayoría no ha trabajado de lo suyo, y lo peor es que seguramente no lleguen a hacerlo porque les sobre edad y les falta experiencia.

Ha sido no la generación ni-ni, sino la generación del círculo vicioso, de la pescadilla que se muerde la cola. Una generación no perdida, sino echada a perder por otra y por sus malas decisiones. Una generación desencantada, y con toda la razón.