La España incierta que se avecina

En torno a uno de cada dos jóvenes se encuentra en situación de desempleo en nuestro país; el cincuenta por ciento que tiene la suerte de tener un empleo, en su mayoría, tiene un trabajo precario y mal pagado, lo que estrecha mucho su abanico de opciones de cara al mañana. España se enfrenta a un futuro más que incierto, donde los defensores de la unidad del país son lo que están pasando por alto que en realidad están destruyéndolo por completo la nación.

Y es que, ¿algún dirigente político de los partidos tradicionales o algún empresario o banquero de España podría asegurar a día de hoy que el país tendrá buena salud dentro de una década? Nadie podría asegurarlo. Es más, los propios economistas se muestran más que pesimistas ante los datos de desempleo juvenil, las cifras de desigualdad progresiva y la pobreza cada vez más asentada en los estratos medios de la sociedad.

¿Quién va a pagar las pensiones de quienes hoy andan entre los cincuenta y los sesenta y cinco años? Esta pregunta haría temblar a más de uno, pero, sin embargo, la ciudadanía camina adormecida hacia delante, anestesiada por no poder ver más allá del presente. Las cotizaciones a la Seguridad Social de los últimos años vaticinan la catástrofe en los próximos lustros; para colmo el Gobierno no deja de sacar dinero de la hucha de las pensiones, que empieza a estar más que maltrecha.

Alrededor de 23.600.000.000 de euros –sí, han leído bien la cifra, veintitrés mil millones de euros- del dinero público que se les prestó a las entidades bancarias ha desaparecido para siempre, nunca más se volverá a recuperar, como ha reconocido esta mañana el Gobierno. Pero, claro, no hay dinero suficiente como para combatir y hacer frente, de verdad y con políticas eficientes, a las vergonzantes cifras de paro juvenil.