La cárcel invisible en la que viven los jóvenes españoles

España se ha convertido en una cárcel gigante para miles y miles de jóvenes que se ven atrapados en ella mientras dejan escapar los mejores años de sus vidas. Uno de cada dos menores de 25 años carece de empleo y anda a la búsqueda de un sustento que no sea el de sus padres. Pero ojo, porque esa mitad que sí tiene la suerte de trabajar lo hace, de forma mayoritaria, en unas condiciones más que precarias.

Es difícil ser joven en España. La opción que queda es la emigración, claro está. Pero esta cuestión, también hay que decirlo, no está en manos de todos los jóvenes; el empobrecimiento de la sociedad en el último lustro es tan radical y acentuado que hay quien no dispone del dinero suficiente como para comprar un billete de avión e intentar buscarse una vida.

De cualquier manera, ser un español emigrante en países como Inglaterra o Francia, por citar algunos próximos geográficamente y con perspectivas laborales más o menos estables, es una tarea difícil, ya que no hay que olvidar que la vida en estos territorios es mucho más cara que en España. Únicamente el hecho de encontrar pronto un trabajo después de emigrar puede evitar que el joven que se marcha de España con ilusión acabe en apenas unas semanas empobrecido por completo.

El hambre llama a las puertas de los jóvenes españoles, quienes ya deben ir asumiendo –si están al tanto de las informaciones sobre economía y de las previsiones y tendencias de las cotizaciones de cara al futuro- que no tendrán una pensión el día de mañana. España ahora mismo es una especie de cárcel en la que no se puede vivir, pero de la que tampoco se puede escapar con garantías. La ola de xenofobia que recorre Europa dificulta aún más el escenario.