Generacion del fast food

Los trabajos en establecimientos de comida rápida, de hamburgueserías o de productos textiles estaban hasta hace unos años destinados a ser cubiertos por personas de baja cualificación. Sin embargo, poder tener empleo, aunque sea en estos lugares, se convierte en la actualidad en una especie de suerte para aquellos licenciados y graduados que han quedado definitivamente apartados del mercado laboral.

McDonald'sPoder llegar a ser contratado en tiendas de ropa, en franquicias de perfumerías, en supermercados, en establecimientos de venta de alimentos o en negocios que no requieren de una alta preparación intelectual se convierte en una de las últimas oportunidades para esquivar el exilio y quedarse en el país. Tener un sustento económico es la prioridad para muchos jóvenes, que ya incluso han renunciado a poder alcanzar la satisfacción laboral, el reconocimiento profesional y progresar en sus propias pretensiones existenciales.

No obstante, el mercado laboral suele aprovecharse de esta situación de necesidad de los jóvenes y de esta amplia demanda para trabajar prácticamente en lo que sea. Así, aparecen ofertas de trabajo con nombres poco precisos y cuya única finalidad es la de acabar llamando de puerta en puerta de la ciudad para intentar vender un servicio de una multinacional. Ofertas aparentemente para trabajar como azafatas, como promotores culturales o como especialistas en ventas acaban siendo en realidad para laborar de forma muy precaria como comercial.

Muchos jóvenes de la llamada “generación perdida” se ven obligados a trabajar como comerciales visto lo visto. Pero las condiciones son tan lamentables que es el trabajador quien en muchos casos tiene que encargarse de darse de alta en la seguridad social, de poner su vehículo al servicio de la empresa y de buscarse simpatías en un entorno adverso. Y todo ello con una finalidad, la de mentir, la de contar supuestas virtudes de un producto que es bastante menos bueno de lo que obligan al comercial a decir.