De Erasmus y a lo loco

Parece que todo el mundo que ha estado de Erasmus ha disfrutado de casi una fiesta sin fin. Por mi parte no puedo decir eso. No he estado de Erasmus nunca, pero sí que puedo decir que estuve con estudiantes que han disfrutado de la beca en Europa, tanto siendo ‘host’ de un finlandés como yendo a Coimbra o a Bologna con amigos y la verdad es que estudiar fuera de tu país y en una ciudad en la que se encuentra ambiente universitario, se agradece mucho para resarcirse de un día de clases en otro idioma que no es el tuyo.

La fiesta siempre es un tema recurrente si hay Erasmus de por medio. Nosotros, los españoles nos jactamos de tener buen ambiente de cachondeo en nuestras noches, pero cuando estuve en Coimbra, mi visión de los portugueses cambió radicalmente. Ese pueblo tan serio y tan anglófilo, no podían hacer lo que hacían por las noches, beber y beber cervezas por menos de un euro el tercio, normal que cuando volvíamos una noche a casa, el que era mi anfitrión, no encontraba las llaves y siendo las 5 de la madrugada, no vas a llamar al casero. Armándonos de valor y con un muy dudoso portugués mezclado con español llamamos al número de un cerrajero, bueno, un serralheiro, en este caso. El buen hombre acudió rapidamente y con una técnica que ya había le había visto a un cerrajero en Zaragoza, nos abrió la puerta. La técnica era una depurada manipulación de una radiografía, sí, una de esas que te hacen cuando te partes un hueso, pero el resultado fue el esperado, poder dormir calentito en la habitación.

Este es un hecho aislado, que seguro que se da cientos de veces, pero si mi amigo no hubiera hablado en el idioma de esa zona tal vez no nos hubiera quedado  más que dos opciones, o dormir en un parque o seguir de fiesta hasta una hora decente para llamar al casero. Desde mi punto de vista si vas de Erasmus a cualquier país, debes aprovechar, pero es preferible volver a casa sobrio que no perder las llaves y el dinero que nos costó el ‘serralheiro’.