Profesiones de futuro

El mercado laboral está mal, muy mal. Todo ha cambiado en muy pocos años y profesiones que no hace mucho tenían una buena salida hoy han pasado casi al olvido. Pocas empresas se “rifan” a los ingenieros y ser graduado social ya solo sirve para engrosar las listas del paro.

Una nueva situación, una nueva mentalidad y un nuevo enfoque de futuro. Encontrar trabajo es complicado para los jóvenes, para los que aún están a tiempo de elegir hay una serie de profesiones y estudios que, al menos ahora, parecen tener mejores perspectivas.

La era digital ha puesto nombres a ciertas profesiones que para los más mayores son casi de ciencia ficción. Data scientist, experto en big data o usabilidad, técnico en marketing digital o certificaciones Google, programador de aplicaciones móviles…nombres extraños para profesiones íntimamente relacionadas con el mundo digital que, nos guste o no, lo domina todo. Y por eso también parecen situarse en lo alto mezclas que pueden parecer extrañas como ciberabogados o médicos ingenieros capaces de utilizar las más avanzadas tecnologías.

Pero no son las únicas profesiones con futuro, hay algunas tradicionales que parecen resistirse a quedar en segundo plano. Con una población cada vez más envejecida, todo lo relacionado con los cuidados a la tercera edad, la salud y el bienestar parecen tener buenas perspectivas. Igual que lo relacionado con el turismo, porque no hay que olvidar que el turismo es precisamente una de las principales fuentes de ingresos de nuestro país.

Lo que parece común en todas ellas es que se busca a jóvenes emprendedores, imaginativos, con afán de superación, con posibilidades de viajar y, por supuesto, con un dominio absoluto, al menos, del inglés. Jóvenes que tengan una formación multidisciplinar y que a pesar de ello quieran seguir formándose y que estén dispuestos a trabajar duro. Tal vez se les exija mucho, pero es lo que hay que pagar por un futuro menos incierto que el que hay ahora

La mala costumbre de encorsetar generaciones

Tenemos la mala costumbre de generalizar todo, absolutamente todo. Y es un tremendo error, porque todos sabemos que en esta vida las cosas no son ni blancas ni negras, que hay millones de colores en medio. Y ese afán de ponerle un “mote” a todo no hace sino tergiversar la realidad, a veces de un modo injusto y despectivo.

Eso es lo que ha ocurrido con las generaciones. Hubo una generación de postguerra, marcada por los terribles efectos de la contienda. Una época dura, de penurias y estrecheces. Pero no todos la vivieron igual, y no nos referimos a las clases más pudientes, incluso entre las más humildes hubo quien sobrevivió sin grandes lujos, pero sin grandes estrecheces, cierto es que entonces se conformaban con bastante menos que ahora.

Años después fue la generación de los emigrantes, la de “vente a Alemania, Pepe”. Pero ni todos emigraron ni todos fueron felices en el extranjero ni todos fueron explotados casi como esclavos.

Después llegó la generación de la “movida”, la generación peta zeta o la generación x. Y una que incluso tuvo un eco publicitario de relevancia: la generación JASP. Una generación icono de un mundo feliz, el de los “jóvenes aunque sobradamente preparados”. Jóvenes sí, preparados, en muchas ocasiones no tanto. Pero si de algo no se les puede acusar es de falta de ganas de comerse en mundo.

Luego se dio la vuelta a la tortilla y pasamos a la generación “ni-ni”. Sí, algunos ni estudiaban ni trabajaban, pero no por desidia o falta de iniciativa. Muchos ni encontraban trabajo ni tenían recursos para seguir estudiando hasta cumplir los 40. Una generación injustamente tildada de holgazana.

¿Y ahora? Ahora hablamos de generación perdida. Y, sí, tal vez muchos tengan un futuro muy poco prometedor, fruto de las terribles circunstancias económicas. Pero también muchos han dado ejemplo de inteligencia, empuje e iniciativa ¿Perdida en qué sentido? Nunca es bueno generalizar.

La necesidad de reinventarse

No es fácil, pero las circunstancias obligan a ello. Hay que reinventarse, buscar un futuro, olvidarse de lo que fue y de lo que pudo haber sido y centrarse en lo que será, dando carpetazo a unos años que merecen el olvido.

Y merecen el olvido, sobre todo para muchos jóvenes que han visto truncadas todas sus expectativas mientras esperaban un cambio a mejor. Tuvieron la mala suerte de nacer en mal momento, justo para sufrir de lleno un periodo de crisis profunda en esa fase vital en la que hay que echar a volar, en la que hay que iniciarse en el mundo laboral

Son jóvenes que en buena parte han dedicado años y años a formarse, pero a los que nadie ha dado una oportunidad. Sin futuro en España, muchos han buscado esa oportunidad fuera. Los más afortunados han encontrado trabajos más o menos decentes en países europeos, a otros no les ha quedado más remedido que poner miles de kilómetros de distancia y marcharse a Dubai, Australia o Singapur. Países en los que paradójicamente, nuestros jóvenes no solo están bien vistos, sino magníficamente valorados. ¿Qué significa esto? Que ellos ha encontrado su futuro, pero que España ha perdido todo un potencial humano, una inversión a la que o se ha sabido sacar partido.

¿Y los que se han quedado? ¿Los que tampoco han encontrado su oportunidad más allá de nuestras fronteras o no han querido marcharse? Los menos ambiciosos han aceptado cualquier trabajo o se han resignado a no independizarse nunca. Otros han decidido dar un giro de 180 grados y reinventarse.

Si no encuentro trabajo como ingeniero ¿Por qué no montar una empresa de turismo rural o incluso marchar a un pueblo y vivir de apicultor? Si como periodista no tengo futuro ¿No es posible intentar vivir de trabajos a través de internet, de probar suerte poniendo en marcha algún tipo de blog? Muchos jóvenes han visto en la reinvención, o el emprendimiento como prefieren algunos llamarlo, la única oportunidad de conseguir salir adelante por sus propios medios.

¿Imposible? A todas luces no, hay ejemplos de ello. Pero hay que ser imaginativo, hay que tener muy claro que seguramente se caerá en más de una ocasión y habrá que saber levantarse, que se necesitarán muchos más esfuerzos de los imaginables, que habrá que aprender de los errores y, sobre todo, arriesgarse. Cunando no se tiene esperanza es obligatorio perder el miedo.

La generación de los cambios

Hay toda una generación a la que se ha demonizado, a la que se ha condenado de antemano sin tener en cuenta las circunstancias que la rodean y, mucho menos, darse cuenta de lo caro que va a pagar las consecuencias de las erróneas actuaciones de la generación inmediatamente anterior.

Son los ni-nis. Una denominación terriblemente injusta. Tal vez en algunos casos sea cierto y ni estudian ni trabajan, pero en la mayoría no ha sido por falta de ganas, sino de oportunidades. Unas oportunidades que se les han negado por la nefasta gestión económica y educativa de los gobernantes de turno. Un tremendo error que ya está condicionando el futuro de miles de no tan jóvenes, que han visto como han pasado de largo sin pena ni gloria un buen puñado de años en los que deberían haber dado los primeros pasos en su independencia.

¿Estudiar? Ya lo han hecho, y no en las mejores circunstancias, por cierto. Han vivido su época estudiantil en un momento de cambios educativos que parece no han llevado a ningún sitio. Y lo que es peor, los estudios han subido escandalosamente de precio y muchos se han dado de bruces con una cruda realidad: la imposibilidad de seguir estudiando porque, por ejemplo, pagar un master es casi ya cosa de millonarios.

Aun así, no les falta preparación, de hecho es la generación mejor formada del país…pero de poco les ha servido sin oportunidades laborales para poner en práctica sus conocimientos. Trabajar para ellos ha sido, y es, casi misión imposible. Muchos siguieron estudiando mientras llegaba ese ansiado trabajo. Ahora, rozando la treintena, la mayoría no ha trabajado de lo suyo, y lo peor es que seguramente no lleguen a hacerlo porque les sobre edad y les falta experiencia.

Ha sido no la generación ni-ni, sino la generación del círculo vicioso, de la pescadilla que se muerde la cola. Una generación no perdida, sino echada a perder por otra y por sus malas decisiones. Una generación desencantada, y con toda la razón.

La educación pública en España

La famosa generación perdida de jóvenes es un problema para el futuro de nuestro País, muchos de estos jóvenes han dejado los estudios a una edad muy temprana, otros han dejado de estudiar carreras o ciclos formativos para ponerse a trabajar en cualquier sitio mal pagado y de forma que los exploten, otros a pesar de haber estudiado sólo pueden aspirar a encontrar trabajos basura.

Echando la vista atrás podemos decir que muchos de estos problemas han sido originados por el cambio tan abismal que ha tenido y sigue teniendo la educación pública en España. Los jóvenes prefieren hacerse cerrajeros Ferrol antes que seguir dando tumbos mientras intentar averigüar qué están estudiando.

El pilar de este problema radica en la calidad de los profesores que se ha visto disminuida a lo largo de los años, por ejemplo su forma de dar las clases, antes ponían mucho más ímpetu en enseñar, ahora muchos de ellos se limitan a leer el libro y ya que estudie quien pueda sin motivar a sus alumnos y perdiendo también ellos la motivación por su trabajo, otra cuestión es el temario, los libros son cada vez más extensos sin embargo en la mayoría de las ocasiones los alumnos no llegan a ver ni la mitad del libro, como podemos ver los profesores dan cada vez menos materia en sus clases.

Los planes de estudio para los profesores y maestros deberían actualizarse para poder mejorar esta situación docente, la formación continua debería ser esencial para este tipo de trabajo , ya que aquí está la clave de nuestro futuro. Con profesores desmotivados no esperemos que los alumnos brillen demasiado, formado así una cadena desastrosa para el futuro laboral de muchos de ellos.

Jóvenes de hoy día perdidos laboralmente

¿La generación de jóvenes estudiantes de hoy en día se sienten cada vez más fracasados? Está claro que la situación laboral no es tan alentadora como antaño, ahora se trabaja más horas por menos salario y quizás el trabajo que encuentren no era el que tenían pensado cuando estaban estudiando una carrera,máster o quizás un ciclo formativo sin embargo muchos de estos jóvenes han optado por coger el primer trabajo que les ha salido, en estos casos un restaurante de comida rápida, una tienda de ropa o un trabajo de comercial de seguros es lo más ofertado para esta generación perdida.

Por otro lado muchos jóvenes de esta generación actual han dejando de estudiar a una edad muy temprana, quizás por la falta de motivación al ver que una persona con carrera ha terminado trabajando en el Burguer King o porque la situación laboral en España a pesar de que ha mejorado los últimos años sigue siendo una situación afectada por la famosa crisis del 2008.

Otros en cambio han optado por emigrar, jóvenes que piensan que si el trabajo no se encuentra en España se encontrará en el extranjero, quizás en la mayoría de las ocasiones estos jóvenes ya no regresen a su país de origen y sean parte de la generación española que se ha perdido, un aspecto muy negativo para nuestro país pero también muy presente en muchas ocasiones debido a este panorama que seguimos viviendo actualmente.

En todos los casos vemos como este grupo de jóvenes ha nacido en un momento delicado laboralmene hablando ya que sus salidas no serán las mismas y por tanto las oportunidades serán menores que antes, sin embargo no hay que perder la esperanza y seguir luchando por esta generación de jóvenes ya que son parte del futuro de nuestro país.

¿Cuál es la salida de muchos de los jóvenes que están en la generación perdida?

Muchos de los jóvenes atrapados en la generación perdida han optado por estudiar una oposición ante la falta de trabajo en España, esta situación ha supuesto que el número de opositores aumente en más de un 50% respecto al número de hace varios años, las plazas siguen siendo las mismas ya que éstas dependen del número de personas que se jubilen en ese momento, actualmente en la mayoría de las oposiciones la tasa de reposición ha sido del 100%, es decir se han intentado cubrir todas las plazas necesarias , sin embargo aunque el número de plazas haya aumentado respecto del 2008-2011 que han sido los años de inicio de la crisis, al aumentar mucho más el número de aspirantes la proporción para sacarse una plaza sigue estando muy reñida, incluso actualmente podríamos afirmar que la proporción es más complicada que antiguamente.

Muchos de estos jóvenes no han visto otra salida, ya que tras haber estudiado una carrera o un máster han visto que lo único a lo que podían aspirar era a un trabajo por horas,mal pagado en el que te explotan mucho y lo peor de todo un trabajo en el que no se sienten realizados.

Para estudiar una oposición hay que tener mucha paciencia ya que esta generación está renunciando a un trabajo mal pagado pero pagado es decir está renunciando a tener dinero y esto es un problema grave a medida que se van cumpliendo años, las ganas de estudiar disminuyen, las motivaciones desaparecen, pero ante todo tienen que tener claro que si van a optar por esta opción será un camino difícil pero muy prometedor a largo plazo.

Seguimos viviendo con nuestros padres

Cuatro de cada cinco españoles de entre 16 y 30 años continúan viviendo con sus padres en el Estado español. Estos datos referentes a la generación perdida de jóvenes nos sirven para ver el poco futuro y la falta de perspectivas que tiene nuestro país. Vivimos en un territorio en serio peligro de extinción, aunque pocas veces hablen de esto lo políticos y voceros del poder que tanto se preocupan por la unidad de España y por ensalzar el patriotismo más rancio y pueril.

Con dos millones de emigrantes españoles desde que estalló la crisis, con otros dos millones de jóvenes que no tienen un empleo, con una precariedad laboral más que palpable, con una lista de defraudadores aristócratas y de la clase alta cada vez más amplia… Con todo esto, ¿de qué España están hablando los editoriales de los periódicos? ¿A qué España del futuro se refieren las televisiones y las radios? ¿Para qué valdría afianzar la unidad de España si el país va a resquebrajarse de forma inevitable por otras grietas no territoriales?

¿Cómo van a pagarse las pensiones de esa gente que se ha dejado la vida por su país? ¿Cómo? ¿Con qué cotizaciones, con las de los dos millones de jóvenes sin empleo, con las de los dos millones de emigrantes o con las de tantos y tantos braceros que son víctimas de la precariedad?

Sería injusto olvidarnos en este escenario negro de la perversa gestión de los poderes fácticos del Estado. Ahí está el bochornoso escándalo de los ERE, de los Cursos de formación, de la Trama Púnica, la Trama Gürtel, del rescate a Bankia con el dinero de todos, de los 45 millones despilfarrados por Esperanza Aguirre en un proyecto cartográfico para Madrid que no llegó a ver la luz y de un largo etcétera. Es triste decirlo, pero este ya es un país sólo momentáneo, sin futuro condenado a la ruina más extrema. Y si traemos de nuevo a la mente la situación que vive la generación perdida de jóvenes españoles, pues apaga y vámonos.