Generación perdida, una definición inexacta

Se la ha llamado generación perdida, una generación de jóvenes de entre 20 y 30 años que ha sufrido de lleno las consecuencias de la crisis económica ¿Pero es realmente una generación perdida? Tal vez sí, tal vez no, porque lo que es cierto es que el término no parece ajustarse realmente a lo que es y sufre esta generación.

Perdida tal vez en el ámbito laboral, y no exactamente. Cierto es que muchos de estos jóvenes han llegado a la treintena sin apenas experiencia laboral, sin haber trabajado ni cotizado, sin haber ganado prácticamente un sueldo. Muchos apenas han pasado de becarios ¿Pero eso quiere decir que lo tenga todo perdido?

Tal vez no, porque si bien hay una parte que ha sufrido en sus carnes esta situación, también es cierto que hay otra parte que sea mostrado inconformista y que ha intentado dar un giro a su vida laboral. Muchos jóvenes han salido al extranjero buscando esa oportunidad que en España se les negaba, algunos con más suerte que otros, eso es cierto como se puede ver en este documental de TVE. Ellos no lo tienen todo perdido.

Otros lo han intentado haciendo eso que tanto se lleva ahora: emprender. Un bonito nombre para encubrir lo que es la única salida laboral para muchos. Pero también es cierto que hay jóvenes que han conseguido salir del pozo de la falta de oportunidades con imaginación, esfuerzo y un poco de suerte.

Y es que esta supuesta “generación perdida” es también una generación que intenta superarse, con una mejor formación, con grandes dosis de creatividad, con el uso de las nuevas tecnologías para intentar avanzar. Una generación que no siempre se conforma con lo que tiene, que no duda en lanzarse a aventuras en el extranjero para no tener que estar con los brazos quietos o trabajar en precario en algo que no les gusta.

¿Es una generación perdida? Como tantas otras cosas, depende cómo se la mire.

La historia se repite

A veces no hay que mirar muy lejos para contemplar cómo la historia se repite y se repite en episodios oscuros o poco alentadores. Lo que ahora está viviendo la denominada “generación perdida” es algo que ya se vivió en España unas décadas antes, en la España de los 60. Con diferencias, eso es cierto, pero con el mismo trasfondo. Hoy son muchos los jóvenes que se ven obligados a repetir la historia que vivieron sus abuelos: la emigración.

Hace décadas fueron miles los jóvenes que se vieron obligados a buscarse el sustento a miles de kilómetros de sus hogares porque dejaron de ser cerrajeros Valencia. Jóvenes sobre todo llegados del campo a unas ciudades en las que no encontraban oportunidades.

Se vieron así abocados a la única solución posible para salir adelante: emigrar a países como Francia y, sobre todo Alemania, o incluso a cruzar el océano para intentarlo en América Latina. Algunos hicieron fortuna, otros, simplemente, sobrevivieron en pésimas condiciones y regresaron a España en el momento en el que habían conseguido unos ahorros. Muchos jamás regresaron.

Hoy parece que la historia se repite. La falta de oportunidades está haciendo que miles de jóvenes salgan al extranjero en busca de esa oportunidad laboral que en España no encuentran. Pero hay una diferencia importante respecto a sus abuelos: la de estos jóvenes no es una mano de obra poco cualificada, al contrario. Se trata de una generación muy preparada, con estudios casi siempre de postgrado, que domina idiomas, que tiene empuje y tiene ganas.

Jóvenes muy preparados que son más apreciados fuera que dentro. Un valor que, lamentablemente se pierde en España, y tal vez para siempre, porque muchos de estos jóvenes marchan para no volver. Cierto es que no todos consiguen la oportunidad soñada en tierras extrañas, pero igual de cierto es que tampoco muestran intenciones de regresar a un país, España, en el que ni buenas ni mala, no hay salidas laborales para ellos. Lamentablemente, la historia se repite.

¿Generación o generaciones perdidas?

Se habla de una generación perdida, la de los jóvenes que no llegan a la treintena y que no lo han tenido ni lo tienen nada fácil en el ámbito laboral, jóvenes que carecen de experiencia y que no encuentran oportunidades de ningún tipo, ni ajustadas a sus conocimientos, cada vez más amplios, ni de ningún otro tipo.

Cierto es que el suyo es un futuro poco prometedor, que no lo tienen fácil no saben si después de la carrera van a tener suerte en lo suyo o van a tener que trabajar en una pizzeria o de cerrajeros Madrid urgentes, que muchos se ven obligados a irse al extranjero a buscarse un porvenir que se les niega una y otra vez en su propio país.

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¿Pero es esta la única generación perdida a causa de la crisis? Cuando se habla de la situación laboral se habla mucho del paro juvenil, que ciertamente es un verdadero problema. Se piensa en todos esos chicos que no se pueden emancipar por falta de oportunidades y que ni se atreven a soñar en algo que otros muchos algo más mayores tienen en mente, como es la jubilación.

Sí, tal vez sea una generación especialmente sensible a una situación económica, pero esas mismas circunstancias también afectan a otras generaciones. Generaciones de personas que rozan los cuarenta y que han visto como se quedaban sin empleo y como, atados por una familia, no podían ni plantearse buscar oportunidades en otros lugares o tenían que hacerlo dejando a los suyos a centenares de kilómetros.

Generaciones de personas con más de cincuenta años que, a pesar de su precariedad laboral intentan ser el sustento de sus hijos como lo hacen los electricistas Madrid 24 horas. O que han perdido sus trabajos y ven como tienen una edad que directamente supone quedar fuera del mercado laboral. Personas que han cotizado durante años y cuyas jubilaciones se verán considerablemente mermadas por el desempleo y los subsidios.

¿Generación perdida? Tal vez habría que hablar de “generaciones”, porque la crisis económica afecta a todos. Afecta de distinta manera según la edad de cada uno, cierto, pero afecta a todos al fin y al cabo.

Consejos para “no perderse”

Buscar y buscar y no encontrar, matar el tiempo estudiando sin cesar para tener un curriculum brillante, rezar para que llegue esa gran oportunidad y no desesperarse en el intento. La juventud lo tiene complicado en el ámbito laboral, pero también es cierto muchos cuentan con el empuje, el entusiasmo y las ganas (aunque no siempre las posibilidades) de conseguir salir del profundo agujero de la falta de salidas laborales.

El desánimo puede hacer mella, sobre todo cuando la situación de desempleo se prolonga en el tiempo. Sin embargo, hay que intentar no dar razones aquellos que hablan de “generación perdida” y luchar por encontrarse y por encontrar un futuro. Nadie dice que sea fácil, pero al menos hay que intentarlo ¿Cómo? Siempre hay buenos consejos a seguir:

  • Flexibilidad: obsesionarse con una única salida laboral es un tremendo error. Cuántas más posibilidades se barajen más oportunidades habrá.
  • Proactividad: una palabreja muy de moda pero que hace referencia a algo muy importante. Hay que tomar la iniciativa, las oportunidades hay que buscarlas, porque nunca llegarán caídas del cielo. Si hay que cambiar o mejorar en algo, es obligatorio hacerlo, y si hay que asumir responsabilidades, también.
  • Hacerse “publicidad”: cuanto más visible, más oportunidades y las redes sociales son perfectas para conseguirlo. Desde la participación en foros de debate a la puesta en marcha de algún tipo de blog.
  • El networking es esencial. Cuidar las relaciones con personas que puedan resultarnos de utilidad en la consecución de los objetivos y buscar nuevos contactos es un trabajo que a largo plazo puede dar buenos frutos.
  • Motivación: es fácil caer en el desánimo cuando lo que tanto se ansía no llega, pero hay que inter evitarlo a toda costa porque se puede entrar en un círculo vicioso muy peligroso. Mantener la confianza en uno mismo y el optimismo es fundamental.

A veces es fácil dar consejos y muy difícil seguirlos, pero al menos hay que intentarlo. No siempre todo está perdido y hay que trabajar para logarlo, aunque a veces lleve más tiempo del que pensamos.

Cuestión de términos

Nos encanta ponerle “motes” a todo, generalizar con un término aspectos que a veces es imposible englobar en una categoría, y eso es algo que se hace de manera generalizada en los últimos años con la juventud. Se pretende englobar generaciones enteras bajo siglas y expresiones que a veces solo se pueden referir a un aspecto en concreto. Una manera, sencillamente injusta de expresar una realidad.

Hace unos años se empezó a poner de moda aquello de los JASP. Jóvenes aunque sobradamente preparados que daba la impresión de referirse a una generación de genios, de jóvenes destinados al éxito, con ganas de comerse el mundo. Parecía que el futuro iba a ser suyo como nunca antes lo había sido de otra generación. Pero la realidad es tozuda y demostró que sí, que estaban muy preparados, pero que su futuro no iba a ser mucho mejor que el de la generación inmediatamente anterior y tal vez “menos preparada”.

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El batacazo de esta etiqueta parece que llevó a acuñar otra, con connotaciones bastante más negativas: las de la generación de los “ni-nis”. Así pasamos de un extremo a otro. De jóvenes ávidos de conocimientos, emprendedores, destinados a cambiar el mundo, a otra de jóvenes hastiados de todo, con poca o ninguna perspectiva de futuro aunque puedan estar trabajando como cerrajeros Barcelona 24 horas pero que se expresaban sencillamente no haciendo nada, conformándose, esperando que la oportunidad llegada caída del cielo. Otra definición inexacta, que se quedaba muy corta y, sobre todo, que era tremendamente injusta.

Y de ahí se pasó al calificativo de “generación perdida”. Una etiqueta más para calificar a miles y miles de jóvenes cuyo único pecado ha sido crecer en los peores momentos de la crisis económica, una crisis que ha elevado los niveles de paro juvenil a límites intolerables. Pero tal vez tampoco sea justo decir perdida. Sí es cierto que lo tiene mucho más difícil en el ámbito laboral, que su futuro es mucho más negro, pero en otros aspectos es una generación que está dando ejemplo, ejemplo de empuje y de inconformismo.

Generacion del fast food

Los trabajos en establecimientos de comida rápida, de hamburgueserías o de productos textiles estaban hasta hace unos años destinados a ser cubiertos por personas de baja cualificación. Sin embargo, poder tener empleo, aunque sea en estos lugares, se convierte en la actualidad en una especie de suerte para aquellos licenciados y graduados que han quedado definitivamente apartados del mercado laboral.

McDonald'sPoder llegar a ser contratado en tiendas de ropa, en franquicias de perfumerías, en supermercados, en establecimientos de venta de alimentos o en negocios que no requieren de una alta preparación intelectual se convierte en una de las últimas oportunidades para esquivar el exilio y quedarse en el país. Tener un sustento económico es la prioridad para muchos jóvenes, que ya incluso han renunciado a poder alcanzar la satisfacción laboral, el reconocimiento profesional y progresar en sus propias pretensiones existenciales.

No obstante, el mercado laboral suele aprovecharse de esta situación de necesidad de los jóvenes y de esta amplia demanda para trabajar prácticamente en lo que sea. Así, aparecen ofertas de trabajo con nombres poco precisos y cuya única finalidad es la de acabar llamando de puerta en puerta de la ciudad para intentar vender un servicio de una multinacional. Ofertas aparentemente para trabajar como azafatas, como promotores culturales o como especialistas en ventas acaban siendo en realidad para laborar de forma muy precaria como comercial.

Muchos jóvenes de la llamada “generación perdida” se ven obligados a trabajar como comerciales visto lo visto. Pero las condiciones son tan lamentables que es el trabajador quien en muchos casos tiene que encargarse de darse de alta en la seguridad social, de poner su vehículo al servicio de la empresa y de buscarse simpatías en un entorno adverso. Y todo ello con una finalidad, la de mentir, la de contar supuestas virtudes de un producto que es bastante menos bueno de lo que obligan al comercial a decir.

Unos jovenes sin futuro

Los jóvenes con mayor formación académica de la historia de España han visto caer sobre su presente y su futuro la losa de la falta de oportunidades y de la desesperación. Estas generaciones, nacidas ya con la democracia bien consolidada están padeciendo los estragos de una crisis que, sin embargo, ha aumentado considerablemente el número de ricos en nuestro país.

Muchos jóvenes españoles viven en la pobreza. No sólo los más preparados han padecido la saña de estos tiempos. No sólo los licenciados, diplomados, graduados y demás estudiantes Unos jovenes sin futurocon formación a sus espaldas han visto cómo se cerraban las puertas del porvenir; también muchos jóvenes que se decantaron por abandonar los centros de estudios para poder incorporarse al mercado de trabajo ven ahora cómo el poder ganar de dinero no era un cuento de hadas.

La burbuja inmobiliaria, por ejemplo, empujó a miles de jóvenes que vivían de la construcción a la más absoluta falta de perspectivas; ahora se ven sin empleo, sin estudios y sin ningún tipo de esperanzas de volver a insertarse en el mercado de laboral. Son, en muchos casos, jóvenes que empezaron a llevar dinero a casa rápido, en una edad incluso lindando con la mayoría de edad; esto les permitió lanzarse a formar una familia, a tener hijos, con la garantía de poder pagar todas las necesidades que tuvieran. Pero la realidad hoy es bien cruda; la falta de trabajo de los jóvenes tiene efectos colaterales.

Esta generación perdida carece además de cursos y estudios que les garanticen poder volver a trabajar pronto. En los barrios obreros, con los recortes económicos que tuvieron a la crisis como excusa, han desaparecido incluso las ayudas para los talleres en los que los más jóvenes aprendían una profesión. Se trata de una dinámica peligrosa, de un círculo vicioso del que cada vez es más difícil salir.

Jovenes y precariedad

La precarización a la que los jóvenes españoles están sometidos en estos días es enorme. No suele ser mucha la diferencia de poder adquisitivo entre quienes trabajan y los que no tienen esa oportunidad; lo más normal en este país es ser pobre, ya que los salarios en muchas ocasiones no permiten desarrollar una vida plena. España cuenta en la actualidad con un becario precarioSalario Mínimo Interprofesional de 655,20 euros, una cantidad tan ridícula que impide siquiera poder pagar piso, gasolina y cubrir las necesidades básicas a una sola persona; esta cantidad se vuelve especialmente irrisoria si sirve para alimentar a una familia con varios miembros. No obstante, el panorama es tan desolador que no hay que olvidar que el número de hogares con todos sus miembros en paro supera con creces el millón y medio.

Mucho ha cambiado el escenario en apenas una década. Poder llegar a ser mileurista hasta hace dos lustros era algo incluso humillante para aquel joven que empezaba a estudiar una carrera universitaria. Cobrar mil euros era algo impensable, la barrera a la que la persona que se formaba nunca quería llegar; ganar esa cifra por trabajar ocho horas diarias parecía ser un insulto. Incluso los empresarios sabían que los sueldos que tenían que pagar debían estar por lo general por encima de los mil euros.

En estos días, ser mileurista parece ser un privilegio con el que muchos jóvenes se darían por más que satisfechos. Los salarios que reciben los recién licenciados suelen ser bastante más inferiores que los del resto de lo plantilla, aunque desempeñen funciones idénticas que compañeros de más antigüedad en la empresa; si, en esto que comentamos, nos centramos además en la mujer, la situación es aún más discriminatoria. “Vivir como eterno becario y cobrar una especie de limosna simbólica tampoco es una solución” comenta uno de los Cerrajeros Alicante economicos, aunque el simple hecho de que los jóvenes puedan estar en directo contacto con la realidad laboral se convierte en un consuelo menor, de ahí que acepten a seguir en prácticas.